Pequeño Catecismo de San Pedro Canisio

De la Esperanza y de la Oración Dominical

¿Qué es la esperanza?

La esperanza es una virtud infusa y sobrenatural, por la cual esperamos, con una firme confianza, la gracia de la salvación y de la vida eterna.

¿Cómo podemos aprender a esperar y a orar como es debido?

Podemos aprender a esperar y a orar como es debido por la Oración dominical que Jesucristo, nuestro Señor y nuestro maestro, nos ha enseñado y prescrito de su boca sagrada.

Reciten la Oración dominical indicando las diferentes partes de las que se compone.

Primera petición. Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Segunda petición. Venga a nosotros tu reino.

Tercera petición. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Cuarta petición. Danos hoy nuestro pan de cada día.

Quinta petición. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Sexta petición. No nos dejes caer en la tentación.

Séptima petición. Mas líbranos del mal. Así sea.

¿Qué significan las primeras palabras de esta oración Padre nuestro?

Estas primeras palabras: Padre nuestro, sirven de preámbulo y nos recuerdan el inmenso beneficio de Dios el Padre, que nos ha elegido como sus hijos adoptivos y sus herederos por Jesucristo. Este dulce nombre de Padre nos invita a corresponderle amor por amor y a orarle con gran confianza.

¿Qué significa la primera petición: Santificado sea tu nombre?

La primera petición: Santificado sea tu nombre, expresa el deseo que deben formar naturalmente los hijos bien nacidos: piden que siempre y en todas partes el conocimiento, el temor, el respeto, el amor y el honor de la Majestad eterna crezcan en sus corazones y en los de todos los hombres; en una palabra, desean todo lo que puede contribuir a la gloria de su Padre, cuya grandeza y bondad son infinitas.

¿Qué pedimos por estas palabras: Venga a nosotros tu reino?

Por estas palabras: Venga a nosotros tu reino, pedimos la gloria del reino celestial y la felicidad eterna, para que nos sea dado reinar sin demora y eternamente con Jesucristo.

¿Qué pedimos por estas palabras: Hágase tu voluntad?

Por estas palabras: Hágase tu voluntad, pedimos el auxilio de la gracia divina, para cumplir en la tierra la voluntad de nuestro Padre celestial, como los bienaventurados la cumplen en el cielo, con fidelidad, gozo y constancia.

¿Qué pedimos por estas palabras: Danos hoy nuestro pan de cada día?

Por estas palabras: Danos hoy nuestro pan de cada día, pedimos todo lo que nos es necesario y útil para mantener la vida de nuestro cuerpo y de nuestra alma, como el alimento y el vestido, la palabra de Dios y los sacramentos de la Iglesia.

¿Qué pedimos por estas palabras: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos?

Por estas palabras: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos, pedimos el perdón y la remisión de nuestros pecados, y nos declaramos dispuestos a perdonar a los demás todo lo que han hecho contra nosotros.

¿Qué pedimos por estas palabras: No nos dejes caer en la tentación?

Por estas palabras: No nos dejes caer en la tentación, rogamos a Dios que sostenga nuestra debilidad en esta vida, y que nos defienda por su poder contra el mundo, la carne y el demonio; para que jamás, de ninguna manera, tengamos la desgracia de sucumbir a la tentación y de consentir al pecado.

¿Qué pedimos por estas últimas palabras: Líbranos del mal. Así sea?

Por estas palabras: Líbranos del mal, pedimos a la bondad de Dios que nos libre y nos preserve de los males del alma y del cuerpo, sea en esta vida, en cuanto es útil para nuestra salvación, sea en la otra.

Terminamos con estas palabras: Así sea, para marcar la esperanza y el deseo que tenemos de obtener todo lo que está contenido en las siete peticiones de esta oración.

¿Cuál es el resumen de las primeras peticiones de la Oración dominical?

Las cuatro primeras peticiones de la Oración dominical nos indican los bienes que debemos esperar y pedir aquí abajo: el primero, y el que supera a todos los demás, es el honor y la gloria de la divina Majestad; el segundo es nuestra propia felicidad; el tercero es la obediencia que debemos a Dios; finalmente, el cuarto comprende todo lo que es necesario para la vida de nuestro cuerpo y de nuestra alma.

¿Cuál es el resumen de las otras peticiones?

Las tres últimas peticiones de la Oración dominical indican los males de los que debemos rogar a nuestro Padre celestial que nos preserve. Son primero los pecados que nos cierran la entrada al reino de Dios; luego las tentaciones, que nos arrastran naturalmente al pecado, si no estamos protegidos por la asistencia divina; finalmente, las desgracias de esta vida y de la vida futura. Así la Oración dominical nos enseña a rogar a Dios que nos conceda los bienes y que nos preserve de los males.

Reciten la Salutación angélica, en honor de la santísima Virgen, madre de Dios.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

¿Cuál es el origen de esta Salutación en honor de la santísima Virgen?

El origen de la Salutación angélica es primero el ejemplo del ángel Gabriel y de santa Isabel; luego el uso y el consentimiento de la Iglesia católica.

¿Cuál es el fruto de esta Salutación?

El fruto de la Salutación angélica es ante todo recordarnos el recuerdo igualmente dulce y saludable de la santísima Virgen y de la encarnación de Nuestro Señor; luego invitarnos a buscar el favor de esta virgen llena de gracia, y su intercesión ante Dios.

¿Qué nos enseña la Salutación angélica?

La Salutación angélica nos hace conocer las admirables prerrogativas y la gloria de esta virgen incomparable: la excelencia de las gracias y de las virtudes de las que ha sido colmada, su virginidad y su maternidad, las bendiciones de las que ha sido colmada entre todas las mujeres de todos los siglos; finalmente el honor que tiene de ser la madre del Rey de reyes, Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Dios, y de habernos dado así la gracia y la vida.

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